A MAYOR GLORIA DE DIOS (IGNACIO DE LOYOLA)


¿Quién no conoce a este hombre, su personalidad arrolladora, algo de su vida y de lo que ha dejado en la Iglesia y el mundo? Fue el hijo menor de una gran familia, la natural y el primero de otra gran familia espiritual: la Compañía de Jesús.

En Azpeitia (Guipúzcoa) vio la luz y en Roma cerró sus ojos a este mundo dejando rayos de luz y vida por donde pasó. Leer su biografía, ver algún buen filme de él nos acercará a su personalidad arrolladora. Lo he hecho en tiempos de sosiego, de trabajo espiritual y me he alimentado de sus palabras, sobre todo de su experiencia plasmada en los Ejercicios Espirituales.

Dios nos habla de muchas formas y personas. Cada día su Palabra ilumina nuestros pasos, y cada día el calendario nos acerca a un santo, un testigo. Hoy es S. Ignacio de Loyola. Podríamos escribir mucho sobre él. Pero me detengo en 3 pinceladas.


1.    Un caballero herido en su orgullo

En 1521, durante el sitio de Pamplona, fue gravemente herido en una pierna por una bala de cañón. Postrado en cama durante varios meses, no sólo sufrió dolores físicos, sino también un profundo replanteamiento interior. Para pasar el tiempo, Ignacio pedía novelas de caballería. Pero en su defecto, le dan a leer la Vida de Cristo y Vidas de Santos. Poco a poco, se produce una transformación: descubre otra forma de heroísmo el de los santos y comprende que la verdadera batalla se libra en el alma, no en el campo de batalla. Decide entonces convertirse, renunciar a la vanidad del mundo y seguir a Cristo.

 

2.    El peregrino de Dios

Sanado, Ignacio lo dejó todo para llevar una vida de penitencia. Se retiró a una cueva en Manresa, cerca de Montserrat, donde tuvo una intensa experiencia espiritual. Allí recibió muchas intuiciones interiores y comenzó a escribir los Ejercicios Espirituales, un itinerario de oración, meditación y discernimiento que se convertiría en un tesoro para la Iglesia.

A partir de ahí comenzó un largo viaje: Ignacio se convirtió en peregrino, sin fortuna ni un plan establecido, yendo de pueblo en pueblo, mendigando, estudiando, rezando. Poco a poco, se da cuenta de que Dios le llama a servir no solo, sino con los demás.

Ignacio de Loyola tuvo la audacia de replantearse todo en medio de las pruebas y fracasos.  


3.    El maestro del discernimiento

San Ignacio nos enseña el arte de discernir los movimientos del alma, de elegir según el Espíritu, de liberarnos de apegos desordenados para hacernos totalmente disponibles a la voluntad de Dios. Sus Ejercicios Espirituales son su mejor herencia.
También es un maestro del realismo espiritual: "Reza como si todo dependiera de Dios, pero actúa como si todo dependiera de ti". Esta fructífera tensión entre contemplación y acción resume el espíritu ignaciano. San Ignacio prefirió el discernimiento, la paz a las armas y los santos a los poderosos.
La Iglesia católica ofrece su testimonio evangélico al servicio del pueblo sin imponerse. Glorificar a Ignacio de Loyola es glorificar a Dios. Los santos no se quedan nada para sí, su vida debe ser un espejo en algo. Hoy me pregunto: ¿En qué se parece mi itinerario espiritual al suyo?
 

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