COMO SI FUERA LA PRIMERA VEZ…
Hoy, al preparar la oración, me encuentro con la “sabida” parábola del sembrador… ¿sabida, resabida…? ese es el primer problema con el que me encuentro, que creo que me la sé, como otras muchas palabras del Evangelio… yo misma me he recriminado ¿qué sabes? y me he puesto una alerta: escucha hoy lo que dice Jesús, como si fuera la primera vez que lo oyes, como la escucharía un niño en la primera catequesis, con la emoción en los ojos y el corazón alerta.
Y me he dicho: Jesús es el catequista hoy,
escucha:
“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».
Y aquí viene mi reflexión: ¿Acaso no soy esa
que “escucha sin entender”? Y ¿no soy la “inconstante, la que a la menor
dificultad, sucumbe”? ¿la que me “absorben los afanes de la vida”? ¿No hay en
mí algo de eso que denuncia Jesús en su catequesis?
Por eso, y algo más, la
Palabra no echa raíces en mí. Y ¡me he decidido a escribir cada día una palabra
de la Palabra y la envío a voleo como las semillas del sembrador! Seguro que
hay otras tierras más trabajadas que la mía, donde la Palabra dé fruto. ¡de echo me llegan ecos de que así es! Y doy
gracias por el eco de mi pobre palabra.
¡qué suerte tenemos los que
escuchamos cada día la Palabra y qué pena que nos acostumbremos a ella y al
comenzar a oírla, diga nuestro corazón o nuestra memoria: “ya me la sé”. No. Y
me corrijo: ¡Esto no es una lección más! el Maestro no es un mal maestro al uso
de algunos que podemos conocer, que tienen la lección escrita hace años y la
saca entre los papeles amarillentos y arrugados. No. La Palabra es nueva cada día y por eso puede caer en
la tierra del corazón y renovarla.
¿Le pasaría esto a
María de Nazaret, cuando la llegaban los ecos de lo que su Hijo predicaba por los caminos
de Galilea? Seguro que no. Ella, la escuchadora de la Palabra, estaría deseosa
y no dejaría que nada se perdiera. ¡¡Recemos hoy: María, danos tu corazón!!
Pues si, decimos que la sabemos, el problema? Pues que, como bien dices, se nos olvida!!!
ResponderEliminarAsí que, no nos ha calado. Es bueno que nos lo recuerden!!! A ver si aprendemos!!!
por eso y para eso estamos los amigos. Gracias
EliminarQue bonito M.Rosario!!! Y cuanta verdad dices en tus reflexiones
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