¡Qué fuerte la Palabra que hoy me ha tocado"! Es verdad que una puede detenerse en el sencillo gesto profético del cinturón de Jeremías... tan simple y tan verdadero! Se pudre lo que no se conserva bien! o en la parábola de la semilla de mostaza y la levadura, tan conocidas que nos habla de la sencillez de la vida diaria, de lo sencillo y pobre que va dando fruto si se sabe meter en la vida y encontrar sentido en ella...
Sin embargo la "palabra que me ha tocado" fue esta misma del salmo responsorial: Despreciaste a la Roca que te engendró, y olvidaste al Dios que te dio a luz”. Tanto que me cuesta escribirla y hacer una aplicación a mi vida. Pero al escuchar estos días, con motivo de los incendios tantas palabras, quizá tengo que llevar esta la palabra al corazón "Despreciaste a la Roca que te engendró, y olvidaste al Dios que te dio a luz".
El desprecio es quizá una de las injurias más fuertes y que más duele. Jesús las sufrió en su pasión, además de otras…puede haber ataques, y hasta odio… pero el desprecio parece que toca más. Es una mezcla de desatención – y mira que el Señor repite: ¡Escuchadme! y el sabio Salomón pide un corazón que escuche. No escuchar es un desprecio y cuántas veces se cuela en nuestras conversaciones… no poner atención, no me importa lo que digan… y más si viene de algunas personas. Duele la no consideración, la falta de atención ¡duele el no saberse escuchado!
Es verdad que, como decía, es poca cosa, como la semilla...pero así como la semilla buena da fruto, la que no lo es también da fruto amargo! por eso es importante atender a toda la palabra: sembremos semillas buenas con una palabra, un gesto, una mirada de atención, un abrazo...vayamos hoy a sembrar esta semillas en la vida que nos toca. Sembrar semillas de bien, será la levadura que haga fermentar todo el día.
Pidamos como hizo el sabio Salomón y nos recordaba ayer la Palabra ,“un corazón que escuche”.
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