PERMANECER… ¡HOY Y SIEMPRE!
Hoy es la fiesta de Santa Brígida, santa extraordinaria, pero solo recojo un dato de su larga y fructífera vida. Siendo niña tuvo una visión de Cristo en la Cruz y en su inocencia le pregunta al crucificado: ¿Quién te ha hecho eso? y recibe esta revelación: “Los que desprecian mi sangre”.
Podemos hacer la oración ante Cristo Crucificado y hacerle la
misma pregunta: ¿Qué nos contestaría Jesús?
Uno de los pecados de nuestra sociedad – y
quizá el mío y el tuyo - es la indiferencia-. Lo denunció muchas veces el papa Francisco y creo
que también el papa actual, que en el mensaje para la jornada de los mayores: Yo no
te olvidaré (Is 49,15) (26 julio de 2026)
nos dice: “La dolorosa sensación de ser olvidados, desafortunadamente,
es común en muchas personas,
especialmente entre los mayores.
¿Dónde
ponemos hoy nuestra mirada y nuestro corazón? vamos tan rápido… que se nos
olvida detenernos… ante la Cruz y ante tantas cruces que encontramos en el
camino, la cruz del mundo, de nuestros hermanos, de quien tengo a mi lado… Pidamos
constancia, fidelidad y, mejor aún, la palabra que hoy repite Jesús: “permanecer”. Creo que es una palabra
tan repetida por Juan el evangelista, el que mejor conoció el Corazón de Jesús,
que la repite sin cesar y hoy merece la pena releerlo:
“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la
verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en
mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros
ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar
fruto por sí, si no permanece en la
vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis
en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da
fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el
sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que
deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto
abundante; así seréis discípulos míos». (Juan 15, 1-8)
En unos
versículos repite 7 veces la palabra permanecer. ¿No es suficiente para creer en su importancia? Hay palabras de la Biblia que debemos mantener en nuestra
memoria, que debe permanecer en nosotros. Y una podría ser ésta.
En
este día, como en tantos de los santos, algo brota en mí… un deseo que se queda
contenido con frecuencia: contemple la vida de Teresa de Lisieux, o la de
Ávila, de Francisco, Carmen,… etc. ¿por qué no puedo yo ser también santa? Yo
también lo quiero. Es verdad que ellos son, con mucho, mucho más fieles que yo…
soy tan inconstante… deseos, sí, pero ¿todo ha de quedar en un deseo? ¿Todo se
quedará en palabras? me recuerdo con frecuencia, te estás quedando sola y
tenías solo palabras ¿qué llevarás al Dios que viene y va acortando las distancias?
¡Contemplaré a Cristo y escucharé! Habla Señor!!!

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