Con misericordia serás reconstruida
La llamada del Evangelio de hoy, la llamada a Mateo, me ha traído esta palabra. Son varias la reflexiones que podríamos hacer del evangelio que nos cuenta el mismo Mateo: es como una autobiografía o la llamada a entrar en cada vocación, en la tuya y la mía.
Del evangelio según san Mateo 9, 9-13
En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió. Y estando en la casa, sentado en la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?». Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "Misericordia quiero y no sacrificio": que no he venido a llamar a justos, sino a los pecadores».
Cierto que esta escena está llena de vida y de luz. Levantemos la mirada y veamos más allá. Mateo nos la cuenta. Estaba a la mesa de los impuestos, era odiado por los judíos y hasta mirado con recelo por los propios romanos... siendo colaborador suyo, le llama Jesús y le dice la palabra maravillosa: SIGUEME.
Hoy celebramos a S. Mateo, su vida se puede resumir en tres grandes palabras, tras la llamada: DISCÍPULO, o sea seguidor de Jesús; APÓSTOL, o sea llamado a predicar su Evangelio y EVANGELISTA: escritor de uno de los Evangelios.
Y ¿no es acaso también esta nuestra vocación? ¿No hemos sido llamados a seguir a Jesús y a predicar su Evangelio en el lugar donde nos encontremos y con los medios que podamos? Y también a ser evangelistas, es decir a escribir el propio Evangelio y relatarlo también como podamos. (Este modo Blog es una forma de hacerlo). Pero sobre todo la vida. Sí, la propia vida es la mejor forma de escribir el Evangelio. No podrás hacerlo como quieras, pero siempre podrás VIVIR.
El papa Francisco, al que recordamos por tantos motivos!... contó varias veces que este día fue el que marcó su vocación. Tenía 17 años, se iba con los amigos, pero sintió la llamada a entrar en una iglesia y allí le esperaba Dios. rezo, se confeso y escuchó la Palabra del día, que era esta.
Tomó la palabra de este Evangelio como lema y que dejó plasmado en su escudo «Miserando atque eligendo», que se traduce del latín como «Lo miró con misericordia y lo eligió» (o «mirándolo con misericordia y eligiéndolo»).
¿Qué texto pondríamos nosotros en nuestro escudo? ¡que S. Mateo nos ilumine hoy!
Nos decimos creyente pero, hasta qué punto estamos dispuestos a seguir a Jesús?
ResponderEliminarUna buena lectura para reflexionar